Viernes, 16 Marzo 2018 20:23

El otro lado del espejo

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Gabriela Velásquez Medina, Nicolás Isaza y Germán Reyes Rojas son estudiantes de Derecho de la Universidad del Rosario de la ciudad de Bogotá. Tres chicos de quinto semestre que gozan del fulgor de la esperanza, propio de la juventud, en un país que, pese a que pesa demasiado, no logra desanimar a quienes añoran cambio. Estos jóvenes se reconocen como afortunados, ven en su futura profesión una herramienta de servir a otros, a quienes la vida no les ha sido muy grata, sueñan con un país más justo y lo trabajan acercándose a las realidades que viven colombianos de las zonas rurales, extendiendo asesorías jurídicas.

Son Gabriela, Germán y Nicolás abogados en formación que trabajan como voluntarios en las Brigadas Acción, una actividad de asesoría jurídica rural que lleva a cabo el Consultorio Jurídico de la Universidad de Ibagué. Cabe destacar que el Consultorio Jurídico de esta Universidad es pionero en: Asesoría a víctimas del conflicto armado y referente de otras universidades por su experiencia. Los jóvenes estuvieron en la Brigada Acción ofreciendo servicio de voluntariado en el corregimiento de Santiago Pérez, perteneciente al municipio de Ataco (Tolima).

Como tres pabilos encendidos brillaron sus rostros en la periferia tolimense, a ellos no los obligó nada ni nadie a pisar estas tierras y esa fue la razón de su brillo. No vinieron por una nota ni por dinero, en su acción voluntaria no hubo intereses académicos ni de lucro, los movió conocer, aprender, ganar perspectiva de servicio. Los mueve evidenciar la ineficacia institucional con sus propios ojos, conocer cómo el sistema en realidad no alcanza la totalidad del territorio y, sobre todo, llevar a los colombianos que no tienen la posibilidad de conocer sus derechos a conocerlos.

“Aquí parece haber ciudadanos de varias categorías, los abogados se apoderan de casos que pueden ser tramitados por cualquier persona y le  cobran muchísimo a la gente. Hay bastantes situaciones donde la ciudadanía no necesita pagar un apoderado”, señala Germán Rojas, luego de conocer cómo a señores muy adultos los estafan abogados muy vivos.

 

 

“Hemos ganado mucha realidad viniendo al Tolima, estando en sitios como Santiago Pérez se comprende otras necesidades, otros mundos; a mí se me hace increíble que aún no haya en ciertos lugares ni siquiera servicios públicos (agua, luz y teléfono), y, todavía más increíble, cómo la gente se ha familiarizado frente al dolor. Aquí te cuentan sobre la muerte con mucha naturalidad”.

 

El corregimiento de Santiago Pérez experimentó varios episodios de violencia, historia repetitiva en esta novela sangrienta que cuentan nuestros suelos. Santiago Pérez vivió la cumbre de dolor en el año 2000 producto de una toma guerrillera[1]


La población de Santiago Perez tiene la guerra en sus rostros, en sus costumbres, en su manera de relacionarse con los turistas, con esos otros que resultamos siendo los demás. La ley del silencio todavía los arropa. Como periodistas tuvimos que guardar ciertas formas y abstenernos de tomar fotos que nos parecían agradables, porque mientras los abogados hacían lo suyo, los periodistas y fotógrafos hacíamos lo nuestro, y nos parcatamos de lo complejo que es querer retratar imagenes rurales cuando la gente teme. Identificamos un trapiche viejo propiedad de un señor de sombrero y manos acarameladas con caña. Sin embargo, el señor del trapiche, teme ser fotografiado y frunce el ceño; nos miró con cara de pocos amigos y sus ojos nos siguieron hasta donde pudieron, porque decir o aparecer antes era un problema y esa cautela aprendida sigue vigente.


No obstante, los jóvenes voluntarios y el personal del Consultorio Jurídico, con su cláusula de confidencialidad, con su manera afable, lograron hacer de la visita un éxito. El éxito de estas jornadas se traduce en ayudar a la población más vulnerable; aunque la jornada empezó a las 8:00 de la mañana y estaba previsto que terminaría a las 2:00 de la tarde de manera ininterrumpida, el horario se extendió. Poco a poco, la población local se fue acercando a contar sus problemas jurídicos, de distinta índole, en busca de solución. Germán, Nicolás y Gabriela se miraban, se hacían caras, la realidad los golpeaba pero ellos no perdían la sonrisa.

Esperanzados, planean junto al decano de la Universidad de Ibagué, Luis Fernando Sánchez Huertas, quien también fue profesor de ellos en la Universidad del Rosario, crear toda una red que vincule a los consultorios jurídicos de todo el país, con las zonas rurales de sus respectivos departamentos. El Consultorio Jurídico de la Universidad de Ibagué, en cabeza de su directora Edna Catherine Beltrán, ya tiene un tramo andado en estas iniciativas de asesoría en zonas rurales. El compromiso regional de la Universidad de Ibagué y la historia de nuestro Departamento lleva al Consultorio a otros retos y a Germán, a Nicolás y a Gabriela a mirar el mundo desde otro lado del espejo.




[1]Para mayor información al respecto, ver: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1211290

Visto 1351 veces Modificado por última vez en Martes, 29 Enero 2019 19:28

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